domingo, 26 de marzo de 2017

IV DOMINGO DE CUARESMA

El IV Domingo de Cuaresma (Ciclo A) recuerda el pasaje en el que el ciego de la piscina de Siloé recupera la vista

Este IV Domingo de Cuaresma, también se le conoce como DOMINICA LAETARE. Los rigores de la penitencia en los tiempos litúrgicos que la Iglesia celebra en el año -Adviento y Cuaresma-, quedan suavizados en dos domingos del año muy particulares. Son exactamente el III Domingo de Adviento, llamado Domingo Gaudete, y el IV Domingo de Cuaresma llamado Domingo Laetare. Laetare es el imperativo del verbo latino “Laeteo” que significa alegrarse. Con ella da comienzo la antífona del introito de la misa: «Laetare, Ierusalem», imperativo que podríamos traducir como «Regocíjate, Jerusalén»

(...)
El color litúrgico para estos domingos es el rosa, que es un morado claro, el color del Adviento y la Cuaresma. Es decir, un domingo para la penitencia, pero atenuada, en referencia a ese regocijo que preside la liturgia de hoy. Sólo se usa este color estos dos domingos del año.

La lectura de la Palabra de Dios es la siguiente.

Lectura del santo evangelio según san Juan (9,1.6-9.13-17.34-38):
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»
Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ése el que se sentaba a pedir?»
Unos decían: «El mismo.»
Otros decían: «No es él, pero se le parece.»
Él respondía: «Soy yo.»
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.
Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»
Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.»
Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»
Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»
Él contestó: «Que es un profeta.»
Le replicaron: «Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»
Y lo expulsaron.
Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»
Él dijo: «Creo, Señor.» Y se postró ante él.

Palabra del Señor

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